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En ocasiones las cosas vistas desde dentro no tienen demasiado sentido, por eso a veces salgo a la calle a mear, eso sí bajo riesgo de multa de 300 euros, sino que se lo pregunten a Manolo.

No es que entonces lo veas más claro pero por lo menos puedes tomar el sol en espera de que el mal humor de tu cabeza se ventile un rato. Ayer llegué a casa con dos horas de retraso, con el tiempo justo para una cerveza, una ducha y media hora de encontrarse cara a cara con el televisor, lo peor de los trabajos es que raramente te indemnizan por el tiempo que te hacen perder, ya sea dentro o fuera de él. Y las cartas de reclamación que mi yo inconsciente crea de vez en cuando y guarda en mis compartimentos estancos no te dejan mucho sitio para el resto, algo que empieza a preocuparme, porque me gusta pasar cuando puedo un rato por ahí, y lo de encontrarme algún día de repente con mi otro yo lleno de quejas, no me motiva demasiado.

Quizás debí haber echo caso a mi segunda intención y echar los papeles al inodoro para tirar de la cadena y hacer desaparecer los recibos de los cajeros automáticos y tickets de alguna que otra compra que guardo en la cartera, pero la idea de acabar tan pronto y de una manera tan indigna con mis papeles me hizo idear una tercera opción, la primera, fue tirarlos a la basura, la deseche en el mismo momento en que la pensé, si los tiraba a la basura, aparte de proporcionarme tan sólo un instante de quehacer, el portero del bloque dedicado a recuperar toda clase de materias primas de la basura, podría dar con las pruebas de utilización de mi economía y usarlas en la creación manual de alguna cestita o bola de papel donde se podría leer perfectamente mi nombre y los datos bancarios de mi cuenta de ahorro. Romper los tickets, una opción, pero alguna que otra vez el hombre grande había demostrado su capacidad de resolver casos imposibles; si, lo mejor sería quemarlos, los grandes papeles, los importantes, han de ser convertidos en ceniza para no dejar pruebas, y mis papeles eran importantes.

Sólo tendría que crear una pequeña hoguera con palillos como leña, dentro de un cenicero, dentro del lavabo, dentro del baño, en caso de emergencia, sólo tendría que abrir el grifo del agua fría, además entre la preparación y la quema estaría media hora ocupado, sólo tendría que bajar la otra media a la cafetería de enfrente a tomarme un café hasta la llegada de mis jefes.
Cogí los palillos y los prendí con una cerilla que también utilicé como leña, pero la escasez de llama provocó que me decidiese a utilizar pequeños trozos de papel higiénico en la microhoguera, para microavivar el microfuego y así quemar los microtrozos de papel, lo que provocó un microhilillo de humo que fue invadiendo todo el aire respirable, penetrando también en mis ojos, momento que aprovecharon mis lagrimales para limpiar los globos oculares de mi vista y comenzar una macrollantina que intenté aliviar sacando la cabeza por la ventana del baño que hasta ese momento, permanecía cerrada para ocultar mi fogata, respiré hondo y volviendo a meter la cabeza dentro del baño abrí el grifo de agua fría momento que aprovecho el fuego para convertirse en una columna de humo y momento que mi voz aprovecho para cagarse en la puta teoría de la transformación de la materia.

Gracias a Di por darle una forma comprensible.

Y vivo a tirones,

borrando los recuerdos

que han quedado escritos

en las paredes,

removiendo los silencios,

recomponiendo las palabras

que cayeron en el suelo

al abrir tus cartas.

Bueno si ya despierto, si ya voy, acaso te obligo yo a tumbarte y volver a dormir, acaso no te das cuenta que las cosas desaparecieron, de la sala, que solo quedan las marcas de las huellas de la guerra diaria, los vasos en el fregadero, las botellas de cerveza en el suelo, las migajas de pan esparcidas en el mantel quemado de los cigarros que ya no caben en el cenicero de barro, las servilletas usadas y arrugadas sobre los últimos restos de comida en los platos, que más da que luego lo vomitase todo, nunca me sentaron bien las grandes conversaciones y preguntas, prefiero dejarlas pasar de largo, no tengo prisa, es mejor llegar andando despacio a ninguna parte, por lo menos en el camino se puede parar a echar un cigarrillo en cualquier banco soleado y alto, con vistas a los techos de las casas sin pensar en nada, mirando escuchando de vez en cuando el ladrar de algún perro que se acerca y al que terminas acariciando con desgana un par de veces antes de que te abandone porque huele que ya estas hace tiempo desahuciado aunque el sol brille a tu espalda y hagas la imagen perfecta para una foto ganadora de concurso, acaso alguien pregunto a ese tío si se sentía ganador, triunfador de imágenes, quizás al paquito le acababan de abandonar y aquel banco era lo único que le mantenía a treinta centímetros del suelo.

Anclajes

Podrían pegarse un tiro en la cabeza, me da igual no me levantaría, ni siquiera llamaría a la policía, ni siquiera limpiaría la sangre de sus cuatro cabezas destrozadas por el impacto de las balas. Quizás mañana me preocupase está claro que ahora no, no, hasta que no llege ella, y recomponga poco a poco cada pieza de mi cerebro.

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Seña Gregoria Freak Proyect

Quedan reservados todos los indicios, así como la capacidad de rescindir toda clase de pormenores relativos al propio sentido en si del espíritu de lo definible según los apartados y artículos preestablecidos y reflejados en cada norma diseñada para tal y no otros efectos, como su ayuda para el buen acondicionamiento, uso y legitimidad de lo aconsejable a cada particular en las causas y situaciones anteriormente ocasionadas haciendo reseña de lo explicado a los sub-sujetos y sus coexistencias

Salón de té

Quién se es, si no tan sólo la vida que se ha llevado, o la que consigues recordar y en el orden en el que uno las recuerda… No hay grandes preguntas, tan sólo somos la fragilidad de nuestros propios recuerdos.

El club de la lucha

“No sois vuestro trabajo, no sois vuestra cuenta corriente, no sois el coche que tenéis, no sois el contenido de vuestra cartera, no sois vuestros pantalones, sois la mierda cantante y danzante del mundo”. __________________________________ Tyler Durden - El club de la lucha. __________________________________ Siempre he creído en esta frase, mucho antes incluso de oírla en El club de la lucha. Me gusta recordarla a menudo y en especial en algunos días como hoy.